Dom. Nov 1st, 2026

La “Tierra Carrizosa” en 4 tiempos

Segundo tiempo: El servicio impersonal.

“Para que el servicio sea impersonal, no debe ser “cantado”. Nota del autor.

Por Francisco Javier Lino Briones

-Compadre… ¿ya se enteró de la desgracia por el incendio en San José de Comondú? -me dijo un poco alarmado mi compadre Salvador Ceseña, llamándome desde “La Ramadita”, rancho incrustado en la Sierra de la Chinche.

-Sí. -le respondí- apenas colgué hace un rato porque le llamé a la maestra Rosy Pérpuly con la esperanza de que me dijera que el incendio no había sido en ese lugar tan apreciado por los que participamos en todos y cada uno de los Festivales del Vino Misional, pero no compadre. La maestra Rosy me describió con santo y seña lo que estaban viviendo los moradores de San José luego de ese incendio arrasador que inició por “la cuestita” y se propagara hasta el ojo de agua devastando todo lo que encontró a su paso: Palmeras, casas, corrales, bodegas, cabañas, animales, y todo lo que de una u otra forma empoderó a esa localidad como mágica.

– ¿Y no se le ha ocurrido que debiéramos hacer algo para ayudar a nuestros amigos?

-Claro que ya se me ocurrió, pero no tengo los medios.

– ¿Qué le falta para compadre? -me dijo firme en su propósito.

-Casi nada -le respondí- una buena camioneta y en caso de hacer un acopio importante de víveres, equipo, y lo que se necesite, necesitamos para acarrear todo hasta Los Comondú un buen remolque.

-Pues tenemos mi F-150 y tengo un remolque mediano que le podemos acoplar, pero si arrejuntamos mucho, consigo una batanga grande, de cuatro metros, con mi amigo Cristian López “El Melón”.

-Esa última parte del diálogo fue lo que realmente favoreció nuestro propósito de cristalizar “algo” en favor de los damnificados, que eran nuestros amigos, y luego de acordar que teníamos que convocar a todos los conocidos y desconocidos para que apoyaran a “echarle al carrito” pusimos manos a la ubre (mi compadre ordeña vacas y chivas y chivos), él por su lado y yo por el mío.

De mi parte, reconocer el apoyo de nuestra directora Emma Geraldo por permitir acondicionar un centro de acopio en el Cet Mar 31 y a nuestro líder sindical Alonso Carballo, por sensibilizar entre nuestros compañeros este acto humanitario pues se solicitaba, aparte del material, apoyo económico para el combustible del vehículo (son más de 7 horas de recorrido).

Es en este punto donde abordo el tema de lo impersonal que pretende este acto en favor de los afectados de San José de Comondú, puntualizando que si bien, tuvimos esta iniciativa -igual que otras tantas personas, comunidades y asociaciones- es justo reconocer que ese remolque no hubiera sido cargado hasta el más mínimo espacio, lo mismo que la caja de la camioneta si a esta convocatoria no se hubieran unido no solo la comunidad del Cet Mar 31, de la Delegación del SNTE D-II-43 o del rancho “La Ramadita” de la familia Flores Ceseña, sino también vecinos, parientes, amigos y hasta un hotel reconocido de Los Cabos se agregó al acopio de lo solicitado.

Pero hay que acentuar la frase de Aristóteles “la esencia de la vida es servir a los demás y hacer el bien”, y esto tiene niveles. Si bien, mi compadre Chava Coyote y quien escribe la presente prendimos la mecha, ninguno de los dos no hubiéramos podido llegar a los altos de Comondú con nuestro remolque lleno si una persona no hubiera dicho que sí para manejar todo el trayecto, pues mi compadre ya viejito y arrugadito y yo igual, mas convaleciente de un accidente, a lo mejor solo hubiéramos llegado mas o menos al hotel “La Roca” o cuando mucho al “Diamante”, rumbo a La Pa´. Es posible que ahí nos hubiéramos quedado tirados, pero para fortuna de mi compadre y mía, alguien decidió dejar de ganar dinero como repartidor de agua e invirtió en el pago para el cuidado de los animalitos del rancho, con tal de apoyar a su señor padre y a mí, que soy un agregado en su existir: Jesús Ceseña.

El “Chuy”, muy querido a nuestro corazón decidió apoyar este proyecto que no era de él. Ranchero, hombre de mar, buen chofer, mecánico, plomero, repartidor de agua, mago en el hacer y deshacer nudos útiles… todo, menos licenciado, fue la mejor pieza en este juego de ajedrez.

Aunque inicialmente dijo que sí al viaje e hizo todo lo pertinente para llevarnos sin dejar compromisos pendientes en un momento se desesperó, pues el viernes 17 de julio en la tarde, luego de haber hecho el servicio automotriz completo a la Ford, llegó a nuestro plantel de Bachillerato y volvió a conectar el remolque para ponerlo enfrente del salón 25. Su desesperanza era que solo estábamos él y yo. No teníamos a nadie más para ayudar a subir a la batanga todo lo donado, recaudo que abarcaba casi todo el salón.

– Profe. No vamos a poder. Es mucho y usted no me puede ayudar.

Él tenía razón, el accidente en el que me vi inmerso el 22 de noviembre del 2025, no me permitía cargar, es más, ni si quiera agarrar materiales de medio peso, y por ello, luego de escucharle un raro chisqueo, que no sé salía de sus dientes o de la lengua, se hizo apremiante buscar más manos para la ayuda.

Se agregó, luego de una oportuna llamada el profesor Jaime Mosqueda, buen amigo, quien tuvo que cerrar su negocio de venta de comida para ayudar y otra bendición como caída del cielo, Enrique Cota, el compa que iniciaba su jornada de trabajo en el plantel como velador. Pero aún eran pocas manos. Por ello le llamé a mi compadre Chava Coyote quien llegó con toda una tropa: Mi comadre Flor, Mario y la güerita como con diez de sus niños.

Así que terminamos de cargar más rápido y como a media noche, a dormir cada quien en su casa, pues al otro día de madrugada estaba programada la salida.

-Lino, ¿Cómo a qué hora pasas por La Paz?

Ya eran las seis de la mañana y apenas íbamos de salida, cosa perfectamente entendible pues Chuy debía ir bien descansado luego de la demandante jornada de un día antes.

-Pues son las seis de la mañana y si todo va bien a las 8 estaremos entrando a la ciudad -respondí.

-Oye, necesito mandar unas cosas para Edith y algo para la comunidad. Aparte que te quiero pedir que en Constitución llenes una hielera de carne y pollo, pues el carro que traigo es muy pequeño.

-claro -le respondí – ¿dónde te veo? Solo que sepas que no podemos entrar a la ciudad pues el remolque es muy largo.

-Nos vemos en la “Y” griega de la salida al valle, en la gasolinera “La Ardilla”.

-Sale, no se diga más. Ahí nos vemos.

Y efectivamente así fue. Apenas llegamos a la gasolinera cuando ya estacionados se nos emparejaron nuestros amigos y tuvimos que hacerle lugar a la gran cantidad de cosas que pasamos del carro a la camioneta. De esa forma casi se completaba ese avituallamiento porque aún nos faltaba llenar la hielera de carne.

Esa parada breve fue muy fructífera pues pudimos volver a saludar al fundador de los Festivales del Vino Misional y a su señora esposa: Bertoldo Velasco y Yolanda Tafoya. Seguimos. Nos esperaba la “Tierra Carrizosa”, más bien, las cenizas de ella

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