Dom. Jul 26th, 2026

La “Tierra Carrizosa” en 4 tiempos

Primer tiempo: Vista, olfato, gusto, oído, tacto.

Por Francisco Javier Lino Briones

Caamanc Cadeu. Comondú, la “tierra Carrizosa” El “antes” no es igual para todos. Para nosotros quedó cincelado en nuestra piedra bruta ese lugar, que de acuerdo a mi apreciación bien debiera ser agregado como pueblo mágico.

Y cómo no abrazar esa idea si Bertoldo Velasco causalmente nos llevó un jueves 22 de noviembre del año 2011 para echar a andar el “Primer Festival del Vino Misional” en el que estuve en el control y recepción de los vinos de la región que participaban. Se puede escribir un libro entero de esta primera vez, pero acentúo que íbamos a las cabañas de Pepe Hevia, magnifico anfitrión y como llegamos ya de noche, no pude apreciar el regalo de Dios para esta humanidad.

Y en la mañana siguiente, antes de que asomara el sol ya estaba yo caminando sobre un viñedo y ahí me encontré con una persona que observé que tocaba las hojas una vid, luego tomaba un terrón y lo deshacía entre sus dedos para finalmente olerlo. Luego dejaba caer el polvo y volvía a tomar otra poca de tierra para hacer lo mismo. Las hojas de vid, como dije, también eran su objeto de estudio: vi que las escudriñaba minucia por minucia. Venteaba los olores de nuestro breve espacio, y de manera general, con el espíritu de un investigador.

La vista al amanecer en ese cañón bíblico donde tuve ese fortuito encuentro hizo que ambos dejáramos nuestras tareas. El sol se dejaba asomar en las paredes pétreas y poco a poco empezó a dejar de manifiesto con sus rayos la belleza que verdaderamente impactó nuestros sentidos.

-¡Buen día! -le dije como saludo inicial tratando de entender qué es lo que estaba haciendo, pues como ingeniero Agrónomo que soy aún no descifraba su actuar en ese viñedo.

Buenos días -me respondió ya más en corto.

-Me da gusto coincidir madrugadoramente en este viñedo -seguí el hilo de la plática- y le he observado desde hace un rato lo que está haciendo. Parece que este espacio es su objeto de estudio.

-Verdaderamente sí -dijo acomodándose los lentes- no sé si usted sepa que formo parte del grupo de expertos que intervendremos en la Cata del Vino Misional programado el día de mañana en San Miguel de Comondú y para dar lo justo a quien lo merece debemos estudiar todo el entorno. No solo es valorar el vino presentado en la mesa. Es avivar todos los sentidos para dar una justa apreciación y por ello, requerimos conocer todo lo que hay en esa atmósfera donde crecen las uvas que dan existencia a los vinos participantes.

-“Es muy difícil que un catador valore verdaderamente un vino si no tiene todos y cada uno de sus sentidos dirigidos a su milenaria tarea”.

Allá arriba, las erguidas rocas ya habían empezado a dejar de detener el sol y el oasis se pintaba más de verde y efectivamente, ya en una clase de bachillerato había yo abordado ese tema: una narración, un documental, una película, pueden tratar de describir una escena, un paisaje, un suceso. Pero, aunque tengamos toda la imaginación en la lectura o lo que vemos, el tacto, el gusto y el olfato quedan fuera de ese contexto. Tal vez por ello muchos somos desatentos a las desgracias ajenas: ¿Alguien sabe cómo sonó la campana e irrumpieron los cláxones de los carros cuando inició el incendio en San José de Comondú? ¿Alguno de nosotros dibujó la cara de angustia de los moradores mientras corrían a resguardarse a lo alto? ¿Quién puede describir el balar de los chivos y borregos cuando se prendía su pelaje sin la posibilidad de escapar de su corral? Y los caballos que corrían en estampida de las destructivas llamas hacia un lugar de esperanza, misma que no existía, pues en medio de un dolor indescriptible cayeron torturados al final de la cañada. No encontraron salida y ahí sucumbieron.

¿Alguien puede describir el dolor, el olor, el sonido? O ¿a qué sabe el hollín y ceniza volando como nube negra?

Las casas ardiendo, los corrales, las bodegas, la cabañas en donde tantas veces fuimos bien recibidos. Es imposible hacer ver al otro, al que tenemos enfrente, al que pasa a un lado, al que trabaja con nosotros si no ha estado nunca en San José de Comondú. No puede valorar un antes y un después del incendio, por ello es difícil que desarrolle empatía en estos momentos donde se requiere de filantropía, de servicio impersonal, de desapego, de ayuda humanitaria (sería injusto decir que todos. No, mis respetos a quien se apropió de ese dolor e hizo hasta lo imposible por apoyar a los comundeños).

A eso se refería al Master Win Sommelier Pío Valadez cuando me lo encontré en ese viñedo muy de madrugada. Para darle valor a un buen vino, hay que poner todos nuestros sentidos en acción; y para valorar la magnitud del incendio y toda la tribulación que viene después hay que echarse un clavado en todo el contexto.

En el aquí y ahora de San José de Comondú se cristalizó la sabiduría popular: “Los grandes incendios se hacen de pequeñas chispas”.

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