Por Carlos González Muñoz
Mientras que del 1 de enero de 2020 al 22 de septiembre de 2022, el gobierno de México ha incautado 55,996 armas introducidas ilegalmente a nuestro país desde los Estados Unidos, en ese mismo periodo aquél país sólo ha decomisado 355: la diferencia salta a la vista.

El contraste de las cifras entre el armamento decomisado aquí y allá es evidente, y mueve a la sospecha de inmediato porque la diferencia es tan grande que se puede afirmar sin temor a equivocarse que estamos ante una estrategia deliberada de este y los anteriores gobiernos estadounidenses de favorecer el tráfico ilegal de armas hacia nuestro país, con el objetivo de frustrar todo intento del gobierno y sociedad mexicanos por reducir los niveles de violencia en el país.
Esas armas introducidas ilegalmente por la frontera entre ambas naciones, van dirigidas a equipar a las bandas criminales en México y el gobierno de aquél país lo sabe, tráfico clandestino de armamento en el que la inacción y falta de interés del gobierno estadounidense por detenerlo estaría exhibiendo no sólo su desinterés en la materia sino una complicidad e incluso su patrocinio.
Los radares y satélites de EU tienen la capacidad de rastrear polvo cósmico en Marte e identificar “terroristas” en las calles de Afganistán, localizar petróleo en el fondo del océano ¡pero no pueden detectar el paso ilegal de armas de Arizona a Nogales!
Sí cómo no.
Mientras que Biden al igual que sus antecesores presionan con todo su poderío diplomático, económico y político a México para obligarlo a destinar recursos para frenar el tráfico ilegal de anfetaminas y precursores químicos provenientes de Asia, ellos, en cambio, no mueven ni un dedo, al contrario, por frenar el comercio ilegal de armas hacia México.
¿Cuándo podrá detenerse este flujo ininterrumpido y brutal de armamento, si la “inacción” del gobierno estadounidense se convierte de facto en un eslabón importante en la introducción ilegal de armas y municiones?
Al igual que aquí no puede entenderse el poder que alcanzó el narcotráfico sin la complicidad de autoridades tipo García Luna, igualmente en Estados Unidos el contrabando de armas que alimenta al crimen organizado en nuestro país sería imposible de entender sin la injerencia, protección o complicidad de las propias autoridades de los EU.
Seamos claros: sin un compromiso verdadero por parte de los gringos de combatir el contrabando de armamento hacia nuestro país, compromiso que arroje resultados evidentes, será inútil terminar con la violencia en México.
Más cuando la violencia se convierte en un pretexto para la injerencia del imperio en los asuntos internos que sólo les compete a los mexicanos resolver.
Así de simple y sencillo.
