Mar. May 26th, 2026

Por Raymundo León

Baja California Sur padece un estrés hídrico severo porque es el estado más árido del país, donde menos llueve, lo que se ha complicado por las sequías de los últimos años, el aumento de la población por el desarrollo turístico, y la falta de cobertura universal en los servicios de agua potable y saneamiento, señaló la doctora María Z. Flores López, responsable de la carrera de gestión y ciencia del agua de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS).

La especialista, perteneciente al departamento académico de ciencias de la tierra, explicó que este estado se encuentra dentro de una franja alrededor del planeta que se denomina “cinturón de los desiertos”, donde el régimen de lluvias es muy escaso, pero además enfrenta en los últimos años la incertidumbre del clima con relación al impacto de los ciclones tropicales y las sequías.

Expresó que todo el estado es afectado por el desabasto de agua potable, pero sobre todo las ciudades de La Paz, San José del Cabo, Cabo San Lucas y Loreto, por el tamaño de sus poblaciones.

Explicó que estas ciudades manejan un esquema de “tandeo” en la distribución, por lo que el acceso en algunas zonas es más frecuente que en otras, y donde no hay cobertura de la red, se recurre al abasto a través de “pipas” (camiones cisterna), lo que representa un negocio impresionante.

Indicó que otro problema del servicio de agua es el de las tarifas, pues debido a la poca micro medición no se paga ni monitorea como debe ser, y muchas veces una tarifa fija no representa lo que se consume, que puede ser un volumen enorme o desperdicio de agua “brutal” que no tiene una asignación monetaria.

Señaló además que la actual red de tuberías de suministro de agua en La Paz y Los Cabos se encuentra colapsado, por lo que el 40 por ciento del recurso se pierde en fugas.

Puntualizó que ambos municipios sudcalifornianos requieren un reordenamiento territorial urgente, porque la población aumenta, pero el servicio de agua no está garantizado en los próximos 20 años.

Respecto a la sequía, dijo que en 2021 se recuperó un poco la humedad gracias a las lluvias generadas por el huracán Olaf, pero 2019 y 2020 fueron años críticos, por lo que se perdieron cultivos y miles de cabezas de ganado en la parte centro y sur del estado.

Mencionó que debido al estrés hídrico, Baja California Sur debe analizar qué tipo de actividades productivas son sostenibles, ya que la actual siembra de espárrago necesita mucha agua y al final este recurso se está exportando a otros estados del país y a otros países.

Flores López consideró que las autoridades han establecido ciertos planes de manejo y estrategias para resolver los problemas del agua en el estado, pero se requiere más financiamiento para monitorear las lluvias, instalar estaciones climatológicas, construir infraestructura hidráulica para detener el agua en la parte alta de las cuencas y propiciar la recarga de los acuíferos, ya que es una pena que no se aproveche el agua de lluvias y los escurrimientos desemboquen en el mar.

Aseveró que también falta cultura del agua y contar con personal capacitado que esté al frente de las decisiones sobre los temas hídricos, que conozca las cuencas y los acuíferos sudcalifornianos.

La catedrática universitaria comentó que la desalinización de agua de mar para resolver los problemas de abasto en el estado tiene sus “bemoles”.

Explicó que en el sistema mexicano tendemos a tecnologías y procesos que son demasiado específicos y complejos, por lo que no se garantiza que se mantengan a lo largo de los años, es decir, comienzan bien, pero después surgen los problemas de presupuesto para seguirlos operando.

Señaló que la desalinización es un tema delicado porque el estado se encuentra rodeado por dos mares, el Océano Pacífico y el Golfo de California, con una biota y ecosistemas muy vulnerables y frágiles, por lo que no se han hecho estudios de las consecuencias medio ambientales que tendría el impacto de la salmuera en los próximos años.

También, dijo, hay que contemplar la inversión en energía que conlleva este tipo de plantas potabilizadoras, porque Baja California Sur no es autosustentable desde el punto de vista energético.

Puntualizó que la desalinización es una alternativa, pero no es la única solución y no debe ser la prioridad, porque realmente es un mitigante pequeño para la cantidad de agua que necesitan las principales poblaciones del estado.

En cuanto a las presas ubicadas en Baja California Sur, advirtió que se encuentran azolvadas con sedimentos y no operan hidráulicamente al cien por ciento. Precisó que la presa de La Buena Mujer, en La Paz, fue creada para recargar el acuífero, pero a la fecha se desconoce cuántos millones de metros cúbicos lo están haciendo.

Señaló que la mayoría de los 39 acuíferos de Baja California Sur están sobreexplotados, poniendo como ejemplo el de La Paz que en 2020 tuvo un déficit de 7.8 millones de metros cúbicos, por lo que ya no se deben otorgar más concesiones para su extracción.

La especialista advirtió que si Baja California Sur continúa con el actual esquema depredador del agua se llegará a un estado de “no retorno”, lo que significa que el tandeo de agua ya no sería llevadero y se pondría límite a las actividades turísticas y de recreación.

“Nadie sabe en qué año va a suceder, no conocemos nuestros almacenamientos con exactitud, pero lo que sí podemos asegurar es que si seguimos en el mismo esquema de no concientizar a la población, de no tener otro modelo agrícola más sostenible con el medio ambiente, de que el ordenamiento territorial sea una realidad para La Paz y Los Cabos, y que existan mayores datos de las cuencas y los acuíferos, si eso no mejora de aquí a 20 años, el escenario será desolador”, concluyó.

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