César de Jesús Ortega Salgado
Parientes de presidentes, dictadores y… este era un rey
Margarita Debayle Sacasa de Pallais nació en León, Nicaragua en 1900, hija del Dr Louis Henri DeBayle, un importante médico nicaragüense que estudió en París (Francia), tras lo cual regresó a Nicaragua con una máquina de rayos X, que le permitió hacer diagnósticos certeros, convirtiéndose así en el «Sabio DeBayle» y su madre fue Casimira Sacasa de Debayle, hija del entonces presidente de Nicaragua Roberto Sacasa y Sarria, así como hermana del posterior presidente Juan Bautista Sacasa.

Aunque se desconoce con exactitud, pero se estima que alrededor de 1906, estando en la casa de verano familiar Debayle Sacasa, localizada en la Isla del Cardón y habiendo sido invitado por el «Sabio DeBayle», quien era amigo y médico personal de Rubén Darío, el “Príncipe de las Letras Castellanas”, reconocido poeta, periodista y diplomático, se dice que en una tarde cerca de la playa, sentado en una roca, escribió el famoso poema infantil «A Margarita Debayle», quien le había pedido que le escribiera un cuento en versos, pero el poeta en cambio le prometió hacerla eterna.
Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento.
Este era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes.
Un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita como tú.
Una tarde la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.
decorar un prendedor,
con un verso y una perla,
una pluma y una flor.
Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti.
Cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.
Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.
Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
mas lo malo es que ella iba
sin permiso del papá.
Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.
Y el rey dijo: “¿Qué te has hecho?
Te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho,
que encendido se te ve?”
La princesa no mentía,
y así, dijo la verdad:
“Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad.”
Y el rey clama: “¿No te he dicho
que el azul no hay que tocar?
¡Qué locura! ¡Qué capricho!
El Señor se va a enojar.”
Y dice ella: “No hubo intento:
yo me fui no sé por qué;
por las olas y en el viento
fui a la estrella y la corté.”
Y el papá dice enojado:
“Un castigo has de tener:
vuelve al cielo, y lo robado
vas ahora a devolver.”
La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el buen Jesús.
Y así dice: “En mis campiñas
esa rosa le ofrecí:
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí.”
Viste el rey ropas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.
La princesa está bella,
pues ya tiene el prendedor,
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.
Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento
Ya que lejos de mí vas a estar
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.
Margarita y su hermana mayor, Salvadora Debayle, fueron enviadas a Bélgica a estudiar, pero en 1914, al estallar la Primera Guerra Mundial, las dos hermanas fueron trasladadas a Inglaterra y posteriormente a Estados Unidos, donde su hermana Salvadora conoció su futuro esposo y posteriormente presidente y fundador de la dinastía Somoza, Anastasio Somoza García.

Margarita también se casó y durante un tiempo vivió en Perú donde su esposo fue embajador durante la década de los 40´s, pero al quedar viuda vuelve a Nicaragua hasta el triunfo de la revolución sandinista, en 1979, que derrocó del poder a su sobrino Anastasio Somoza. Tras vivir una temporada en Miami, regresó a su país donde muere en 1983 y sus restos mortales se encuentran muy cerca del “Príncipe de las Letras Castellanas”, que fue enterrado en la Catedral de León el 13 de febrero de 1916, convirtiéndose esta tumba en un lugar de peregrinación para quienes visitan Nicaragua.
La anterior referencia no queda ahí, ya que la crónica literaria dice que Carlos Fuentes, fue la fuente de inspiración para que el escritor Sergio Ramírez, escribiera su obra “Margarita está linda la mar”, que fue galardonada con el Premio Alfaguara de novela en 1998 y está íntimamente ligada con Ruben Darío y la propia Margarita
Sergio Ramírez, en 1977 encabezó el grupo de los Doce, formado por intelectuales, empresarios, sacerdotes y dirigentes civiles, en respaldo del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en lucha contra el régimen de Anastasio Somoza, el sobrino de Margarita que fue derrocado en 1979 y Ramírez al triunfo de la revolución, integró la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, siendo electo vicepresidente en 1984 y lo fue hasta 1990, cuando toma distancia y es un opositor a Daniel Ortega, que gobierna Nicaragua desde el 2007 hasta la fecha.
La novela de Ramírez “Margarita está linda la mar”, en una forma sucinta podemos describirla como un relato mágico del autor, en el que une de forma genial la política, la poesía y los hechos históricos de Nicaragua, uniendo los principios del siglo XX cuando el poeta Rubén Darío, escribe los versos, “Margarita, está linda la mar”, con 1956 al momento en que Anastasio Somoza, festeja su reelección presidencial, con un viaje de ida y vuelta que no da pie a distracción alguna, pero siempre presente esa guía que le aprendió a Carlos Fuentes, cuando lo ratificó en alguna ocasión en México, al expresar que «Siempre admiré en Fuentes esa ambición ecuménica suya de tomar todos los registros y ver siempre en la historia una fuente de imaginación que nunca se agota».
Precisamente al valorar la cita anterior de Sergio Ramírez y en lo que estamos pasando en nuestro país, donde continuamente aparecen “nuevas” acciones de gobierno, en programas desempolvados desde la década de los 70´s y solo con otra denominación, populismo dadivoso y encantador, sin ningún aliciente a actividades productivas, prevaleciendo la condena permanente a clasemedieros, aspiracionistas y empresarios tratados por igual como grandes potentados, aunque apenas sobrevivan en la mayoritaria microempresa, en más de las veces en el rango familiar.

Sin embargo, por esos giros del pasado al presente y viceversa, resultan magistralmente ilustrativos al hacer perder el control a quienes defienden una falsa austeridad fomentada en cabezas ajenas, ahogando a quienes se creen los cuentos de falsos profetas que viven en palacios en esta américa nuestra.
Imposible no desear cuando leemos el bello poema infantil «A Margarita Debayle», que el que vive un mexicano palacio nacional, con un travieso y desobediente hijo con comportamiento de príncipe, no solo fuera reprendido sino obligado a rendir cuentas claras de su escandaloso comportamiento, aclarando su total alejamiento de la austeridad republicana, contradicción absoluta a lo que pregona su progenitor y génesis de esa transformación, que el retoño ha convertido de aspiracionista, a una chocante realidad de lujo extremo en el extranjero, escondido tras las faldas de su rica, influyente y poderosa esposa, enamorada de la industria petrolera, cuyo resplandor ha cegado a la clase política en el poder y que como epilogo de esta mala obra, quisiéramos los mexicanos que no nos siguieran ofreciendo cuentos.
