Lun. Jun 15th, 2026

Por Jorge Luis Ceseña S.

Santa Rosalía, B.C.S. Don Mario, pescador, calamarero de profesión, habitante de la histórica población de Santa Rosalía, hoy, como todos los días encamina sus pasos a la orilla de la playa para localizar su lancha y arreglar los arreos que utilizará en la captura del tan codiciado producto marino. A sus 58 años, don Mario es padre de 7 hijos, cinco de ellos con sus vidas encausadas, dos permanecen aún con él y su esposa. Cuentan para subsistir únicamente con el dinero que Mario gana de la pesca.

Hoy nuevamente don Mario en compañía de Miguel, toman los remos, poteras, hilos; revisan el motor, colocan la manguera del bidón, se ponen su impermeable, sus botas, su chaleco; encienden el motor y salen a mar abierto.

Esta tarde, sopla una leve brisa del oeste. “hay que ponernos abusados -le advierte don Mario a Miguel- porque si pega el oeste como los que se sueltan por aquí, nos va a mandar hasta la Isla Tortuga y ni Dios Padre nos salva”, ambos ríen divertidos.

El movimiento de las olas de mar, golpean la lancha que se aleja rápidamente de Santa Rosalía, pasa el tiempo… “Ya estamos como a 4 millas, ¿qué le parece este lugar para pescar don Mario?, se me hace que luego vamos a llenar la panga, mínimo una tonelada sacamos” comenta Miguel; “vamos un poco más lejos, pa´llá, pa´ Punta Prieta, porque si no sacamos nada aquí, más tarde no vamos a poder seguirle por el viento que se esta dejando venir”, responde don Mario, quien acelera el motor de la lancha queriendo llegar lo más rápido posible a su destino.

Por instinto, detiene la embarcación “arroja el granpin en este sitio Miguel, algo me dice que aquí sacaremos algo bueno”, lanzan las poteras, en esta ocasión, poco más de 200 brazadas de hilo para pescar son utilizadas para llegar a la mancha del calamar; esta tarde hubo suerte, ya que a los pocos minutos Miguel grita jubiloso “¡ya la hicimos don Mario!, ahí viene el primero de la tarde, va a ver que luego vamos a hacer marea”.

El hilo de pescar se tensó fuertemente así como los brazos de Miguel, quien hacía un gran esfuerzo para sacar aquél animal de unos cinco kilogramos de peso, cuando el calamar asomó la cabeza, arrojó un fuerte chorro de agua y tinta que golpeó el costado de la pequeña embarcación; la sonrisa de don Mario suavizó la aridez de su expresión, estaba sacando también su primer calamar de la jornada. “La mancha parece que está buena, de perdida vas a sacar para los pañales y la leche de tu chamaco, Miguel”.

Como a las 22:35 horas, el viento del weste sopló con mayor fuerza, para esa hora ya habían capturado casi la tonelada de calamar. Don Mario, aún con la experiencia de más de 40 años de pescador, daba muestra de preocupación … “Miguel, ya no me está gustando este airecito, vámonos de aquí porque estamos muy lejos de Santa Rosalía y traemos mucho peso, apúrate a enredar las piolas”.

Como buen pescador, don Mario se pega a la orilla, pero el fuerte viento y la marejada por un momento casi hunde la embarcación. “Arroja unos pocos de calamares por la borda Miguel y el resto mándalos pa´tras, más vale perder unos cuantos pesos de ganancia que perder la vida, ya en otra oportunidad si salimos de ésta, la repondremos”.

Dos horas y media de silencio y tensión fueron las que reinaban en la embarcación. Aún preocupados, llegan a Santa Rosalía y se colocan a unos 600 metros de la orilla de la playa, se disponen a limpiar el calamar que les quedó, habían arrojado poco más de 300 kilogramos al mar.

“Si el miedo no anda en burro, se dejaron venir todas las pangas. Estos mendigos vientos no dan chanza de pescar a gusto; apúrate Miguel, hay que terminar rápido pa´ llegar a las casas que nuestras viejas han de estar preocupadas”.

Al terminar la limpieza del calamar, se dirigen a la orilla con el permisionario que les compra el producto. En esta ocasión la pesca fue libre por el mes, ya que en temporada alta ponen tarifa de hasta trescientos kilos, que son insuficientes para dos personas.

En esta pesca fueron 425 kilogramos la que lograron salvar, apenas 765 pesos para los dos… “Lastima de marea don Mario, arrojamos más de la mitad al mar, con esto ni pa´ la gasolina de mañana…”

“¿Quihubo don Mario, cómo los trató el westito que pegó?”, preguntó un pescador que en ese momento llegaba al atracadero “cuando veníamos de mar adentro, estaban auxiliando a dos cómpas que se les volteó la panga, como que son nuevos en esto…”

 “Han de haber pensado que son enchiladas esto de la pesca del calamar, que se sienten pescadores porque nomás tiran piola en la orilla y sacan rayadillos”, contesta don Mario, ¡si a mi que ya estoy viejo, hasta chorrillo me quiere dar!

Así como don Mario y Miguel, existen una gran cantidad de pescadores en la población de Santa Rosalía que están dedicados desde siempre a la pesca; son ellos quienes durante todo el año arriesgan su vida en vientos y mareas para poder conseguir el tan codiciado producto, recibiendo solamente una pequeña parte de la gran tajada de ganancias para poder sobrevivir.

Nota de la Redacción. Este trabajo periodístico se publicó en la edición Nol 1 de la edición impresa de Análisis Periodísticos BCS, de enero del 2001.

Hace algunos ayeres…

Hace algunos ayeres, entre enero del año 2001 y el 2018, cuando aún editábamos la Revista Análisis Periodísticos BCS -ediciones mensuales-, en sus páginas se plasmaron muchísimos Artículos, Reportajes, Crónicas, fotografías, dibujos y caricaturas periodísticas, que a raíz de nuestro ingreso al Internet, como Empresa Editora quedaron en la tinta y el papel, pero deseamos que los cibernautas quienes no tuvieron la oportunidad de leerlos, hoy lo puedan hacer y no se pierdan ese breve lapso de tiempo en ese mundo de las hemerotecas y de esa pequeña historia que forjamos un gran equipo de colaboradores.

Cada entrega de nuestros queridos y estimados Colaboradores, a quienes les agradecemos su participación, impregnaron en sus trabajos resaltando los valores, la historia, la cultura, la naturaleza, aspectos turísticos, así como las diversas actividades y el pensamiento del Sudcaliforniano, que en cada momento correspondió escribirlos.

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