Por Cap. P.A. Enrique A. Guerrero Osuna
“Que la pobreza no es vileza, si no hace cosas malas”, Lope de Vega.
AFAC: Agencia Federal de Aviación Civil anterior DGAC.
OACI: Organización de Aviación Civil Internacional. (ICAO en inglés).
FAM: Fuerza Aérea Mexicana.
BAM: Base aérea militar.
Se la pusieron muy difícil a la AFAC. Si lo logran será una hazaña. Sin haber pobreza no pueden salir del hoyo, ¿que será ahora con más recortes?

La seguridad en la aviación no es una cosa sencilla ni barata, se le deben invertir muchos recursos.
En pleno proceso de certificación para regresar a la AFAC a la categoría 1 de donde nunca debimos haber salido, el presidente lanza una campaña para apegarnos a un concepto de “pobreza franciscana”. No sé a qué se refiera a ciencia cierta con esa expresión, yo me preocuparía con haber caído en la pobreza, pero de lo que si podemos estar seguros, es de que hay problemas económicos muy fuertes en el gobierno y que lo están obligando a adoptar medidas extremas, en pocas palabras: no hay dinero. Entramos a la pobreza, ahora vamos a ver cuándo salimos de ella.
El problema fácilmente discernible es que a la AFAC le va a afectar directamente. Esta agencia para salir adelante requiere un aumento considerable en su raquítico presupuesto actual. Para que abundamos, en esas oficinas no tienen ni papel del baño, entonces ¿Cómo le va a hacer mi General Munguía, actual Director de la AFAC para cumplir con los lineamientos de la FAA y de la OACI? No hay una respuesta concreta.
Para empezar, en México se requiere, desde 1921, de una agencia federal de aviación totalmente autónoma, con su propio presupuesto y libertad operacional, cosas estas que hasta la fecha no se le han otorgado, nadando siempre en un marasmo burocrático de corrupción y abandono. Las reglas a las que la AFAC está sujeta no son nuevas, ni fueron establecidas para frenar su avance, al contrario, constituyen una legislación clara y contundente que debe ser observada por todas aquellas naciones que suscriban convenios internacionales al amparo de la OACI. De manera que no apegarse a estas reglas constituye una violación que indiscutiblemente es sancionada por ellos. Aparte tenemos a la FAA que también dicta sus propias normas de seguridad que deben seguirse por aquellas naciones a donde vuelen sus aviones, si cada estado las admite, por aquello de la soberanía.
Las categorías de seguridad de la OACI/FAA no tienen nada que ver con las aerolíneas, se refieren únicamente a las agencias que controlan las actividades aeronáuticas civiles de un país
Sabemos, porque nos lo han informado, que son 28 las discrepancias encontradas por la FAA en los procedimientos de la AFAC, una vez que se resuelvan todas, nos regresarían a la categoría 1. Pero ahí es donde va a entrar la “pobreza franciscana” ordenada por el presidente, es decir somos tan pobres que no tendremos ni para huaraches. Lo anterior me trae a colación un libro en donde se trata la pobreza como una virtud cristiana: “El privilegio de la pobreza” (Privilegium paupertatis) escrito por Santa Clara de Asís compañera de San Francisco, pero ellos así lo eligieron.
¿Cómo piensan hacerle en la AFAC para cubrir todos los 28 puntos? A menos que lleguen a un acuerdo entre gobiernos, lo cual en el caso de la seguridad aérea lo veo muy difícil, si no imposible. El propio general Munguía hizo recientemente declaraciones en el sentido de que ya se cumplió con todo lo señalado, que solo falta una auditoría, la prensa norteamericana dice otra cosa, al menos dan el privilegio de la duda hasta julio o agosto para reestablecer la categoría 1 tan ansiada
Además, la certificación, una vez obtenida se debe mantener y ahí es donde la austeridad y la pobreza van a entorpecer los procesos. La seguridad aérea es un trabajo permanente de calidad y excelencia cosas totalmente contrarias a algunos gobiernos.
La verdad sea dicha: para ningún gobierno ha sido una prioridad la aviación mexicana, siempre ha estado al garete. ¿Cuál sería entonces una recomendación o recomendaciones? O una posible solución o soluciones a tantos años de vivir en la mediocridad. La solución para mí es muy sencilla: Darle mayor autonomía a la AFAC, llevar a cabo un replanteamiento de prioridades, un señalamiento claro de los errores y fallas y actuar en consecuencia. Se requiere de un presupuesto acorde a sus necesidades, no a la “pobreza franciscana” eso es una verdadera tontería en aviación. Combatir la corrupción; establecer procedimientos simples y sencillos para todos los trámites y no hacer cadenas de complicidades. Un ejemplo de sobra conocido: la obtención de licencias para pilotos. Este es uno de los tramites más lentos tardados y complicados, además del costo elevado y todo, absolutamente todo se tiene que resolver en las oficinas de la ciudad de México.
Propuesta sencilla: que las licencias de los pilotos sean como las de Estados Unidos y Canadá, es decir de carácter permanente, eso evitaría trámites engorrosos y tardados, solo se revalidaría el certificado médico para mantenerlas vigentes. La homologación de procedimientos y documentos sería un paso importante para estar a la altura de nuestros socios del norte
El problema estriba en que el gobierno mexicano jamás ha confiado en la buena fe de sus ciudadanos, por adelantado nos presumen transas, mentirosos y faltos de credibilidad. Nos hacen culpables de antemano en lugar de ser, al contrario, el de ser inocentes hasta que no se nos demuestre lo contrario. Da una enorme tristeza ver como la propia AFAC trata a sus pilotos mexicanos, sobre todo a los militares como si fueran delincuentes contumaces poniéndoles miles de trabas para sus trámites, a contrario sensu de sus homólogos norteamericanos, quienes reciben, (los militares) un trato digno y respetuoso de su profesión de pilotos aviadores profesionales. Está comprobado, los pilotos mexicanos recibimos mejor trato en el extranjero que en nuestro propio país, eso yo lo puedo asegurar.
De repente los reflectores del acontecer nacional cambian de dirección y dejan en paz a la aviación mexicana, pero no por eso los problemas desaparecen. La tan traída y llevada adaptación del sistema aeroportuario para el valle de México es solo uno de tantos temas ¿Qué pasa con el resto del territorio nacional? Existen otros aeropuertos con un tráfico muy intenso que sin embargo no acaparan la atención de nadie por la sencilla razón de que trabajan eficientemente sin tantos aspavientos. Ahí tenemos el aeropuerto de Guadalajara (GDL), el de Tijuana, (TIJ) el de Cancún, (CUN) el de Monterrey (MTY) cada uno con situaciones muy particulares:
Guadalajara: Trafico moderado, a veces se torna complicado, pero atienden a líneas aéreas, aviación ejecutiva, aviación general y escuelas de vuelo. Con otro componente muy importante: el tráfico de aviones militares pertenecientes a la Escuela Militar de Aviación y algunas otras unidades basadas en la BAM No. 5 en Zapopán.
Monterrey: Aquí se encuentran dos aeropuertos muy importantes, el Mariano Escobedo y el aeropuerto Del Norte. Uno atiende a las líneas aéreas y el otro a la aviación ejecutiva. Es difícil establecer cuál de los dos tiene más movimientos, sin embargo, tienen décadas trabajando perfectamente coordinados a pesar de su relativa cercanía (10 millas náuticas), cada uno con sus llegadas y salidas. Aparte, en el ADN (Del Norte) se encuentra la BAM No. 14 de la FAM. Monterrey es un ejemplo de como las cosas se pueden organizar perfectamente bien sin interferirse unos a otros. ¿Por qué en el valle de México no se puede? Eso sucede cuando los intereses políticos prevalecen sobre las conveniencias operacionales.
Tijuana (TIJ): Este es un aeropuerto único en el que los controladores se enfrentan al problema del espacio aéreo de dos naciones codo a codo. Las aproximaciones a una de las pistas se realiza una parte sobre volando territorio norteamericano y jamás han tenido un incidente. Eso demuestra la capacidad de nuestros controladores para hacer un buen trabajo de coordinación bilingüe.
Por la forma en que se ha venido manejando, el asunto del NAICM; el actual AICM y del AIFA más bien pareciera un capricho presidencial y no una prioridad nacional. Ninguna organización de aviación civil ha sabido ser contundente en cuanto a señalamientos y errores, todos se prestan al vaivén de la conveniencia política y cada quien ve para su santo. Es un juego perverso en el que todos vamos a perder. En la secretaría de comunicaciones y transportes no tienen la menor intención de resolver ese y otros problemas de la aviación mexicana, seguiremos igual o peor que en 1920. Los señalamientos ahí están.
Adendum: Para mí que tengo más de 50 años en el medio aeronáutico, los controladores de tráfico aéreo de México tanto civiles como militares, siempre han estado a la altura de sus homólogos en cualquier país del mundo y hoy es tan seguro volar como siempre lo ha sido, si hay fallas se analizan y se corrigen. La aviación sigue siendo segura, la política es otra cosa.
