“He cometido el peor de
los pecados: no he sido feliz”.
Jorge Luis Borges.
Por Javier Solana
El segundo informe del gobernador Leonel Cota Montaño es ocasión propicia para reflexionar sobre el poder, algo tan necesario como responder qué es la naturaleza, la belleza, el alma, la verdad, el amor, la vida o el ser humano.
En nuestro artículo anterior, comentábamos el carisma de Vicente Fox y de Leonel Cota Montaño, esa buena estrella de ambos que les ha permitido entusiasmar y encantar a la gente para cambiar la historia de México y de Baja California Sur, vislumbrando un futuro de esperanza para todos.
Pero, ¿qué quiere decir carisma? ¿Qué significa tener buena estrella? ¿Qué entendemos por gracia? ¿Se nace con poder o es algo que se hace?
En primer lugar, permítanme expresar que el poder no es algo que sólo atañe a unos cuantos. A muchos nos gustaría creer que es el amor el que rige nuestro destino; o que los sueños y las pasiones, o los adelantos de la ciencia, constituyen los factores determinantes de nuestras vidas. Sin embargo, cada vez son más los psicólogos que afirman que es el poder lo que motiva y guía nuestras preferencias; la idea que nos acompaña desde que salimos hasta la puesta del sol no es otra que el poder.

Rabindranath Tagore, el gran maestro de la India, dijo que la “humildad se divide en dos grupos: aquellos que aman el poder y aquellos que tienen el poder del amor” –(Es obvio que el primer grupo es el más numeroso y que el asegundo sólo pertenecen unos cuantos…)
Tagore también se refería a que no han cambiado mucho los tiempos, que si bien antes se adoraba el becerro de oro, hoy se adora el oro del becerro…
Federico Nietzsche, por su parte afirmó: “Ni la necesidad ni el deseo, tan sólo el amor por el poder es el demonio de la humanidad. Puedes darles todo a las personas –salud, alimento, abrigo, diversión-, pero siguen siendo infelices y caprichosas, porque el demonio espera y espera; y debe ser satisfecho. Quítales todo, pero complace a este demonio, y entonces será casi feliz, tanto como lo pueden ser los hombres”.
Ahora bien, el poder no siempre se muestra como tal, sino que se disfraza de autoridad, control, prestigio, influencia, fama, etcétera. Para captar íntegramente su naturaleza y entender la manera especial en que domina diariamente nuestros pensamientos, es preciso analizar sus múltiples estilos.
El poder se define de diversos modos, según sea la perspectiva que se escoja para examinarlo. La física lo define como “energía” y “fuerza”, la lógica prefiere “motivo” y “necesidad”, y la psicología, “dinámica”. Pero en los campos de la política y la religión -dos temas tradicionalmente polémicos, capaces de irritar y alterar la calma de una conversación- la cuestión es más compleja.
Una de las mayores dificultades para definir claramente el poder es el sentimiento de ambivalencia que nos provoca, pues en el lenguaje cotidiano solemos referirnos al poder como algo deseable y detestable al mismo tiempo, pero decimos que “el conocimiento es poder”, pero “el poder corrompe”; que “el poder se mide por la proporción de trabajo realizado”, pero “un amigo en el poder es un amigo perdido”.
Efectivamente, al “poder” cada uno de nosotros le adjudicamos un sentido diferente. Por eso, cuando un hombre o una mujer dicen “quiero más poder”, ¿están pidiendo más energía vital o más oportunidades para resolver situaciones difíciles, o mayor reconocimiento, o más resistencia para soportar cargas pesadas? ¿Desean tener una oficina de más categoría y un título, o tener más autoridad para influir en las decisiones de otros? ¿Su deseo es liderar o comandar? ¿Quieren ser estimados por ofrecer apoyo o ser respetados por el miedo que infunden?
Algo muy profundo está afectando el espíritu contemporáneo de toda la sociedad. Vivimos una época de confusión, una época sin ideas claras. Estamos obsesionados con la seguridad, esclavizados por el consumismo, encandilados por la publicidad, las figuras del espectáculo, dependientes de las relaciones. Somos al parecer, una sociedad narcisista enamorada de su propia niñez, que niega las tragedias históricas y es incapaz de avizorar un futuro con significado…
Sin embargo, este diagnóstico examina sólo los síntomas, no la enfermedad esencial. El síndrome más profundo es una inercia del espíritu, una pasividad sin ambición ni creatividad, pensamientos intrépidos y mentes esclarecidas. Estos son los síntomas del alma en busca de claridad.
Los chinos han sostenido durante siglos que los seres humanos recurren a la violencia física cuando no existe claridad en su mente y paz en su corazón. Esta falta de conciencia colectiva se traduce en brutalidad policial, tiroteos, violaciones, narcotráfico, alcoholismo, violencia doméstica, machismo, abuso contra las mujeres y los niños, griterio, modales groseros, niños pequeños con armas grandes…
¿Qué estamos necesitando? ¿Dónde y por qué se perdió el poder con el que soñamos en tiempos, en un mundo mejor? ¿Debemos recurrir a la psicología para recuperarlo? ¿Es factible que cientos de miles de individuos reunidos en terapias de grupo, en todos los lados, todos los días, encuentren el poder?
La confusión se ha convertido en un claro negocio: Por todas partes nos ofrecen agentes de poder, almuerzos de poder, libros de poder, fuentes de poder, amuletos de poder, canciones de poder, animales de poder, etcétera.
Los fracasos de la mayoría de los gobiernos en la educación y en sus intentos por rehabilitar a los desposeídos, empobrecidos y oprimidos, no hacen más que apretar el nudo de este malestar. Se trata de un nudo colectivo y, al mismo tiempo personal; es decir, que aparte de los sentimientos de fracaso, impotencia y ahogo individual son reflejo de agonías existentes en el espíritu global.
El pensamiento de la antigüedad no podía concebir el alma de un ser humano separada del alma universal. Y es verdad, cuando el ancho mundo se derrumba y se deprime, cada individuo sufre con él.
Concretamente, el meollo de nuestra inquietud tiene una dimensión espiritual además de psicológica; por eso para no quedarse a mitad de camino y lograr una recuperación, hay que intentar otros recursos además de la terapia. Más aún, el mal que está afectando al cuerpo político – o el alma de las naciones -, es también ideológico.
Por ello, la recuperación de las personas no puede reemplazar la recuperación conjunta. Por el contrario, deben funcionar en paralelo. Más que las heridas internas del niño del pasado, son los conflictos del mundo actual los que claman por atención psicológica.
Para recuperar el poder de cada uno, debemos acudir a las fuentes colectivas. Y eso requiere la capacidad de apreciar las ideas en sí mismas. Las ideas son quizás el más preciado milagro de la humanidad: determinan nuestras metas, estilos artísticos, valores morales, prácticas religiosas y hasta nuestras formas amatorias.
Las relaciones confortan, los grupos de apoyo nutren y realzan el resultado, pero las ideas fortalecen al espíritu y abren los ojos a nuevas posibilidades. En efecto, las ideas pueden persuadir, incluso convertir, y esto les confiere un poder enorme, como si fueran una revelación.
En realidad, todos nuestros inventos comienzan como ideas; nuestro poder material deriva de nuestra fuerza mental. Pero aún más: todos nuestros actos provienen en realidad de nuestros pensamientos. Somos aquello que pensamos. Esto es en verdad algo extraordinario, el problema está en que nos han enseñado a pensar mal o, incluso peor, a no pensar.
Desde pequeños sólo hemos escuchado que somos débiles, que somos inútiles, que somos limitados, y después de mil repeticiones una mentira se convierte en “verdad”, según dice la publicidad. Por algo decía Octavio Paz que ya habíamos aprendido muchas tonterías, y que lo importante ahora es desaprender.
Según el Curso de Milagros si le prestas oídos a los dictados del ego y ves lo que él te indica ver, no podrás sino considerarte a tí mismo insignificante, vulnerable y temeroso. Experimentarás depresión, una sensación de no valer nada, así como sentimientos de inestabilidad e irrealidad. Creerás que eres la desvalida víctima de fuerzas que están más allá de tu control y que son mucho más poderosas que tú. Y creerás que el mundo que fabricaste rige tu destino. Pues tendrás fe en eso.
¿No te das cuenta de que todo tu sufrimiento procede de la extraña creencia de que eres impotente? Los pensamientos son peligrosos porque todo lo que pensamos se convierte en realidad.
Afortunadamente hay otra visión y otra voz en la que reside nuestra libertad, que tan sólo están aguardando nuestra decisión. Y si depositamos nuestra fe en ellas, percibiremos otro ser en nosotros.
Este otro ser considera que los milagros son algo natural, pues son simples y naturales como respirar lo es para el cuerpo. Albert Einstein solía decir que no se puede vivir como si los milagros existieran.
Desafortunadamente, mientras sigamos en la oscuridad no podemos ver los milagros, pues los milagros se ven en la luz.
Negar los milagros es lo que nos hace percibir la oscuridad. Lo que piensas que eres es una creencia que debe ser erradicada.
No somos débiles, sino fuertes.
No somos inútiles, sino poderosos.
No somos limitados, sino ilimitados.
No tenemos dudas, sino seguridad.
A través del pensamiento positivo podemos lograr que el cielo sea ahora y aquí, de la misma manera que a través del pensamiento negativo hemos permitido que el infierno haya sido aquí y ahora durante siglos. ¿no es cierto?
Nota de la Redacción. Este trabajo periodístico se publicó en la edición No. 3 de la edición impresa de Análisis Periodísticos BCS, de marzo del 2001.
Hace algunos ayeres…
Hace algunos ayeres, entre enero del año 2001 y el 2018, cuando aún editábamos la Revista Análisis Periodísticos BCS -ediciones mensuales-, en sus páginas se plasmaron muchísimos Artículos, Reportajes, Crónicas, fotografías, dibujos y caricaturas periodísticas, que a raíz de nuestro ingreso al Internet, como Empresa Editora quedaron en la tinta y el papel, pero deseamos que los cibernautas quienes no tuvieron la oportunidad de leerlos, hoy lo puedan hacer y no se pierdan ese breve lapso de tiempo en ese mundo de las hemerotecas y de esa pequeña historia que forjamos un gran equipo de colaboradores.
Cada entrega de nuestros queridos y estimados Colaboradores, a quienes les agradecemos su participación, impregnaron en sus trabajos resaltando los valores, la historia, la cultura, la naturaleza, aspectos turísticos, así como las diversas actividades y el pensamiento del Sudcaliforniano, que en cada momento correspondió escribirlos.
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