Vie. Sep 18th, 2026

Arq. Eugenio Santa Cruz Henríquez

Diciembre 28 del 2020

Nuestra sociedad acaba de celebrar la Navidad de este año 2020; tan subrayada y marcada en la desgracia, muerte y otras calamidades. Por otra parte, también en esta noche de tradición milenaria se disfrutó, pero en otras atmosferas una gran cena familiar y contrariamente en otros ámbitos se vivió una triste realidad al sentarse en la mesa y sentir la ausencia de un ser querido, de un hermano, un padre o una madre.

Durante las vísperas, la gran mayoría nos encargamos de enviarnos mensajes electrónicos navideños deseándonos lo mejor ante la imposibilidad de hacerlo personalmente, en muchos casos solo por cubrir la formalidad o salir del paso del momento, otros, los más, hubo ciudadanos irresponsables que desgraciadamente no respetaron las reglas y protocolos para evitar más desgracias de contagios en tiempos graves de pandemia y dieron la rienda suelta en fiestas, reuniones sociales, familiares o en los bares.

Muchos cenaron pavo, pierna, salmón o romeritos, abrieron sus regalos y se tomaron ricos vinos o bebidas calientes. Justo, es lo tradicional y por qué no, merecido. Durmieron lejos del frio, con cobertores eléctricos y no tuvieron que levantarse temprano el 25 para buscar el sustento, o salir a un hospital a ver un enfermo o amanecer afuera de un nosocomio o en una funeraria. Nuestra cálida atmosfera en casa nos hizo olvidar a la gente que poco o nada tuvo para disfrutar las fiestas navideñas. Nuestra soberbia nos ganó. Cenamos bien rico y quedamos satisfechos abriendo nuestros regalos, sin frio… y sin hambre.

Pero veamos la otra realidad de mucha gente:

Este enorme sector de la población, la más golpeada, la que vive su realidad cotidianamente, la que no tuvo una gran cena, la que no tuvo regalos o la que sufre el frío todos los días, a los que se acostaron con hambre este 24 de Diciembre como sucede en cualquier día de la semana y que sintieron el frio más crudo en el momento más hermoso de la Nochebuena, cuando fue más intenso el viento que se coló por entre sus delgadas cobijas o pedazos de periódico que les medio cubría su cuerpo.

Abrazados en ese avistamiento de la estrella de Belén, es el espacio para ellos su techo cotidiano, ese velo nocturno invernal que les cubre en las interminables noches heladas a la intemperie de las calles. Así pasaron la Navidad muchos de ellos.

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Según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Nacional (Coneval), más de 12 mil personas en BCS, viven en extrema pobreza. Preocupante ante la perspectiva del próximo año que se avecina todavía más difícil por esencias de la pandemia y por la grave crisis económica que se recrudecerá, donde se avizoran aumentos en gasolinas, transporte y alimentos, y donde se estiman desgraciadamente, tiempos complicados de salud y más muertes mientras no llegue la ansiada vacuna. Tiempos electorales impredecibles.

Según esos estudios, un mexicano de clase media gasta en promedio unos 5 mil pesos en Navidad, otros la superan gracias a sus ingresos honestos y otros no tan honestos. En los sectores de la clase media o alta por lo regular se preparan con tiempo las fiestas de Nochebuena, Año Nuevo, Día de Reyes y hasta los tamales del día de la Candelaria, mientras en el sector más vulnerable, al que hago referencia, vivirá la misma carencia de todos los días, sufrirá más intensamente al no contar con lo más elemental como son los servicios de salud, de vivienda, empleo, etc., su situación de calle y sin apoyo gubernamental y asistencial, lo más grave y dramático será la falta de alimento, de compañía, de amor.

Le pregunto a Usted, si en esta Navidad tuvo algún momento lúcido para recordar mientras cenaba en su casa a la gente que vive en la calle, en los alrededores de las ciudades, en las empobrecidas rancherías, a los que viven solos, a los ancianos que no son solventes físicamente y que viven de la caridad, de los enfermos, de los presos, de nuestros doctores y enfermeras que en vez de estar en casa con sus familias conviviendo, estuvieron luchando por la vida de un paciente, de un ser humano.

A cuántos nos pasó desapercibido pensar en ellos, a los niños que no tuvieron un regalo o una bolsita de dulces, a quién se le ocurrió apartar algo de su presupuesto para darle al desprotegido algo para saciar su hambre, tal vez algún vecino que tenemos al lado, o incluso a algún familiar en desgracia que no frecuentamos.

Es cierto que nuestros bolsillos han sido castigados severamente por la crisis, pero siendo honestos, si pudimos compartir de lo que disfrutamos en Navidad y convidar un poco lo que la vida generosamente nos ha dado. Muchos tuvieron por Ley su aguinaldo…Y se pudieron comprar esas botas de piel o ese reloj o abrigo costoso. Cubrieron sus “necesidades” elementales, que bueno, la vida les sonríe, pero aquellos olvidados… no.

Nos dimos cuenta que nuestra ciudad estuvo asestada de gente en tiendas, en plazas y en alegres reuniones familiares que se presumían en redes sociales hasta con música viva, los filtros y trabajos preventivos que las autoridades realizaron, fueron rebasados totalmente, no se quién insiste en poner retenes en los cruceros de la ciudad con policías bostezando todo el día y sin hacer nada, lo peor es la desobediencia social que no entendemos cómo razona o si deberas no razona. Finalmente, en unos días se verán las consecuencias, desgraciadamente por el desacato y con un incremento de hospitalizados con problemas de salud, ojalá me equivoque, no lo deseo.

En este contexto general de nuestra población peninsular, hay que reconocer que en los últimos años han bajado los índices de pobreza extrema y la pobreza; de tener en 2008 el 24%, se redujo al 19,6% según Coneval. En ello tiene mucho que reconocerse al gobierno estatal de B.C.S. que a pesar de los enormes recortes presupuestales impuestos por la Federación Morenista, ha sabido enfrentar con sensibilidad y orden el poco presupuesto ejercido en el Sector Salud. que resultó ser, el más castigado; pero también vale la pena aquí, hacerle un fuerte y severo reclamo a la sociedad por no entender y no cooperar en mejorar nuestra actitud ante el Covid-19. Seguimos siendo inconscientes e irresponsables. El gobierno no lo puede hacer solo, está haciendo su tarea, pero resulta inútil ante el desorden social.

Estamos por llegar a los festejos de Fin de Año, nuevas oportunidades de celebrar y olvidarse otra vez de quiénes no tienen nada o están en un hospital con falta de ayuda, nuevamente va a sobresalir nuestra soberbia humana y nuestro egoísmo natural que tenemos dentro de esta selva humana. Saldremos a festejar.

El 31 de Diciembre tendremos retos, nos pondremos metas como bajar de peso, de ser mejores etc. Pero solo serán buenos deseos, la gran mayoría de esas promesas a las semanas siguientes se olvidarán o dejarán de perseguirse, porque nos gana la cotidianidad, las inercias, de siempre y los apuros de los problemas de siempre en enero: casas de empeño, deudas, e inicio de otro año más pesado y más difícil para vivirlo.

Tener la fe puesta en Dios, resultará el cimiento más fuerte para nuestra existencia, de vivir con actitud positiva en todos los órdenes, siempre resultará benéfico y te dará la paz interior que tanto necesitas. Los invito a iniciar un año venturoso, positivo, más humano, más práctico, más sutil, más amoroso; nuestra sociedad ha perdido valores, ha perdido convivencia, humanidad, caridad y comunicación, pero sobre todo, hemos perdido la fe en el amor y en el temor de Dios.

Ojalá tus propósitos sean más alcanzables el próximo año para poder cumplirlos a cabalidad, con honestidad y con amor para abrazar a tu adversario, amar y honrar a tus padres y a tu familia, vivir y compartir tu vida con la gente que te rodea, y preguntarles cómo se sienten ellos al estar cerca, contigo, aun con los que no te llevas bien no les niegues el saludo, una sonrisa es la mejor puerta para abrir corazones, ayuda al necesitado, son tiempos de solidaridad entre todos nosotros, no debemos ni podemos seguir viviendo en esta soberbia que nos envuelve y nos convierte en seres más intolerables y nefastos, empieza contigo mismo a cambiar para ser un persona más digna, más humilde y poder llamarte humano.

Ya viste que a pesar de tener  todo el dinero del mundo o por más célebre que seas eres tan vulnerable como cualquier ser humano, porque somos iguales como al que ves mendingando con indiferencia en la calle o del que no te acuerdas cuándo estas comiendo tus sagrados alimentos, porque ante la enfermedad y la soberbia, finalmente la muerte nos alcanzará a todos algún día, y que sea ese día donde todos te recuerden por las obras que hiciste y los ejemplos que dejaste en vida, por la caridad que brindaste al necesitado, y el amor que derramaste entre los tuyos.

A todos les deseo un próximo año nuevo diferente, donde la pandemia termine, donde los enfermos se restablezcan y las familias sean más unidas, donde todos nos cuidemos entre todos y donde demos amor que tanta falta hace en este México nuestro, que llegue la paz y termine la violencia, dejar entrar a Dios a tu corazón y a tu casa, vive en humildad y sabiduría, disfruta la vida con los tuyos por más pobre o rico que seas, no te olvides de tus padres, de tus viejos y de tus hermanos y amigos. Vive la vida y tu día intensamente como si fuera el último de tu existencia.

Dios los bendiga junto a sus familias.

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