Mar. Sep 15th, 2026

“A los niños se les engaña con juguetes, a los pueblos con palabras”.  Mariano Paredes y Arrillaga, ex presidente de México.

Por Ángel Ozuna

¿A quién le creemos?

En la noche, López el subsecretario del otro López, anuncia que estamos próximos a entrar a la Fase 3 de la emergencia por la pandemia. En la bananera (mañanera) Obrador nos grita que: “ya estamos saliendo, ya vamos de salida”…cuando todavía ni entramos. Ese es el sello de este gobierno: mentiras, contradicciones y mediocridades. 

Alejándonos un poco de la función de circo de carpa de cuarta, que por estos días nos ofrecen “los morenos”, no porque no queramos sino porque la función todavía continua en el caso Lozoya y asociados y aunque ya sepamos el resultado tenemos que seguir presenciando como Obrador sigue manipulando la información para sus aviesos fines electoreros, más lo que logre acumular en el inter.

Obrador tiene esa rara habilidad que no todos los gobernantes tienen: el de convertir una excelente oportunidad para sobre salir y de quedar bien ante la nación y transformarlo en algo perverso y siniestro como su personalidad. No sé de dónde le sale a nuestro presidente esa característica de tener algo bueno en las manos y transformarlo en contra del pueblo de México, para nuestro infortunio. Me refiero sin duda a la oportunidad que Obrador dejó pasar de largo con el tema del avión presidencial. Lo repito y lo sostengo: la idea de deshacerse del Boeing 787 me pareció congruente, era, es y seguirá siendo un lujo innecesario.

No puedo decir que ese avión nació “con mala estrella”, porque no es así. La buena o mala “estrella” le viene de los políticos que lo han tenido en sus manos. Por dios, ese Boeing 787 es magnífico, es elegante, es eficiente para los estándares modernos, solo tiene un pequeño detalle: es demasiado ostentoso para un país con las carencias como el nuestro. Es un exceso, es algo extravagante que escapa a la realidad mexicana, tal vez sea un intento de algún político estrafalario de tener lujos fuera del alcance de una economía emergente, en fin, algo fuera de lugar. El dilema para el erario nacional es que ya lo tenemos, ahora hay que pagarlo.  El asunto no es menor. El proceso de compra de este avión lo desconocemos, me imagino que se siguieron los pasos tradicionales de cualquier otra adquisición gubernamental durante el sexenio de Felipe Calderón, quien a propósito cuando firmó el pedido, fue a sabiendas de que no lo iba a poder utilizar por los tiempos de espera, ese beneficio se lo heredo a Peña Nieto. 

Cambiando de perspectiva, me gustaría plantear lo siguiente: el avión ya está en el inventario de la F.A.M., hay que mantenerlo y pagarlo. Lo que Obrador no se quiere dar cuenta, o hace como que no se da cuenta, es que debemos deshacernos de ese avión. No hay muchas opciones: o lo vendemos y liquidamos la deuda pendiente o nos va a seguir costando carísimo tenerlo ahí solo para decirle al pueblo de México: “ya ven en que se gastaban sus impuestos los ratas del PRI”.

Una cosa si es cierta: la decisión de mandarlo estacionar al desierto en Victorville, California fue lo más descabellado que pudo hacer nuestro gobierno. No sé, por qué razón el Comandante de la Fuerza Aérea Mexicana no le advirtió a Obrador que mandar a ese avión a desgastarse bajo el sol californiano era una verdadera locura, sin ningún sentido. Ya lo remarqué hace tiempo: llevarse ese avión al desierto era una idea descabellada cuanto  innecesaria. Tenemos un hangar que lo puede alojar, pilotos que lo pueden volar, mecánicos buenísimos que lo pueden mantener por un costo ínfimo, digo, mejor servida la mesa no podía estar. Sin embargo, el mesías decide mandarlo al desierto a echarse a perder.

¿Cuánto nos va a salir este caprichito de Obrador?: varios millones de dólares tirados a la basura sin necesidad alguna. Yo como ciudadano mexicano, quiero que Obrador me responda por esta y otras arbitrariedades. ¿Por qué tira con aquella facilidad el dinero que tanto trabajo nos costó ganar? Finalmente, el inepto que tenemos de presidente se digna darnos una conferencia de prensa durante la cual nos presume su “logro” de regresar al pueblo de México lo que según él le fue robado. En el colmo del cinismo Obrador asegura que lo va a regresar para que no se deteriore en el desierto californiano a donde jamás debió haber llegado. Nunca debimos haberle permitido a Obrador que se lo llevará. Aquí en México estaba seguro dentro de su hangar (aquel que iba a ser derruido a partir del 1/o de diciembre 2018 ¿se acuerdan? Y en su lugar se iba a construir una mega 3T, sorpresa ahí sigue), pero no, el capricho era sacarlo del país y demostrar quién manda. 

De pronto, a Obrador le entró la urgencia de regresar a México al llevado y tan traído 787. Después de tirar el dinero a lo bruto, el avión se regresa ¿adónde creen que lo van a resguardar?… ¡en el hangar presidencial, por supuesto! Luego el presidente decide utilizar los 787 de Aeroméxico para trasladar material médico de China. Prefirió pagarle una millonada en dólares a Aeroméxico que utilizar el avión de la presidencia. Esas son ganas de acabar con el erario nacional. 

Posteriormente durante la ¿presentación? del avión les prohibió a los periodistas hacer preguntas que no fueran las relacionadas con la rifa de su avión. Los afectados por el paso del huracán Hanna por el Golfo de México tuvieron que esperar a que el señor terminara su show para que les prestara atención. A eso se le llama: insensibilidad política. Los gobernadores de Tamaulipas, Coahuila y Nuevo León pidieron ayuda del Fondem, pero sorpresa: no hay tal fondo ya se lo acabó el presidente para regalarles dinero a los ninis y demás vagos que le gusta mantener… a costa nuestra claro.

Solo existen actualmente 4 modelos de súper-aviones en el mercado, uno de ellos sin duda es el 787, los otros 3 son el 747-800; el Airbus 340 y el Airbus 380. Cualquiera de ellos seguramente llena la imaginación de un jefe de estado o de algún multi millonario que pueda pagarlo. Son aviones muy grandes y pueden volar grandes distancias, pero también son muy caros y pueden afectar enormemente el presupuesto de cualquier nación o individuo.

Como no tenemos información de cómo se realizó la operación de compra, me voy a permitir exponer mi propia teoría:

Por ese tiempo sucedió que Aeroméxico andaba a la búsqueda de un avión para efectuar rutas de muy largo alcance. Se decidieron por el 787 e hicieron el pedido a la Boeing por varios aviones por un monto estratosférico, entre ellos se fue, o más bien se vino,  en el “piñatazo” el avión de marras. Empezó su fabricación y al concluir el avión, salió de la fábrica, como decimos en aviación “en verde”, sin pintura y sin interiores. Aquí empezó el siguiente proceso. La presidencia pidió un arreglo particular para los interiores, que es el que ya conocimos, incluyendo “la suite presidencial”. Eso costo una gran suma indeterminada. El lujo de esos arreglos para mí es muy relativo ya que he visto otros aviones con más extravagancias. Como quiera que sea, a la hora de venderlo nadie nos va a pagar por esos arreglos del interior. Es como si usted le arregla la tapicería a su Cadillac clásico, pero a la hora de venderlo nadie se la va a pagar.

¿Por qué un 787 para la presidencia? ¿Qué necesidad había de escalar el nivel del lujo para los viajes presidenciales? Ninguno. Solo el egocentrismo de los presidentes en turno. Las necesidades de transportación de un presidente mexicano no son tan extraordinarias, siendo modestos, otro avión mucho menos ostentoso hubiera llenado ese requisito, pero se optó por lo superfluo. He ahí el error. Una gran oportunidad (a contrario sensu) para un Obrador para alardear y gritar. El 787 se llevó al destierro, lo repito y lo sostengo, sin ninguna necesidad, teniendo el problema resuelto aquí mismo.

Si tanto le gusta andar por carretera a Obrador pues que no utilice el avión y se suspenda su financiamiento. ¿Pero qué es lo que hace el presidente?: lo rifa, si lo rifa. Se lanza una campaña presidencial a todo lujo para promocionar la idea del tabasqueño: sacar millones de “cachitos” de la Lotería Nacional, totalmente ilegales (se tuvo que modificar el reglamento de la Lotería Nacional), para rifar el avión. Alguien le dijo maliciosamente al oído: “oiga señor presidente, ese avión no se puede rifar”: demasiado tarde, dijo él: la pelota ya está rodando, ahora hay que rifarlo. Salieron los boletos, originalmente el sorteo iba a ser en marzo, pero debido a las prisas se pospuso para septiembre, -“así nos da tiempo de vender más boletos”- dijo el tabasqueño… y la cosa se pospuso hasta septiembre, ya saben, con el grito, el desfile y todas las matracas se nos olvida todo. Al rato nos dijo Obrador que siempre no se iba a rifar el 787, que porque ¿qué iba a hacer con el que se lo sacara? Que si la FAM se lo iba a cuidar y que se iba a ir a Santa Lucia, pero luego que no, que en Santa Lucía había demasiado polvo y que mejor lo iban a enviar a una facilidad en el desierto de California para su preservación y mantenimiento. Luego el mentiroso de nuestro presidente nos dice que el avión no se va a rifar, que va a ser una cantidad en efectivo y lo que se obtenga va a ser para comprar equipo médico. El avión está a la venta (o a la renta) lo que salga primero y lo que se obtenga va a ser para comprar equipo médico también. ¡Qué chulada de gobierno! 

Ahora bien: ¿existe otro avión que cubra las necesidades del presidente de México? Absolutamente. Varios, no solo uno. De hecho sin necesidad de invertir más la Fuerza Aérea Mexicana actualmente cuenta con un avión capaz de llevar a cabo todo tipo de misiones que requiera la presidencia de la república, incluyendo viajes de larga distancia a países de Asia sin tantos aspavientos. Se trata de un Gulfstream 650ER con capacidad para 14 pasajeros y más de 16 horas de vuelo, suficientes para llegar al fin del mundo, sin escalas, fresco y listo para una jornada de trabajo. El secreto está dentro de este juego malévolo de Obrador en los costos de operación de cada aeronave. El G-650 como lo llamamos, cuesta muchísimo menos que un estrafalario 787 y cumple la misma misión: transportar al presidente con seguridad y comodidad a cualquier lugar del mundo pero con un costo infinitamente inferior. Es más, mover el 787 para viajes domésticos dentro de México es contraproducente, debido a sus altos costos de operación, además de que no cualquier aeropuerto puede recibir a un 787. En cambio el G-650 hasta en la pista de Macuspana puede operar, volar una respetable distancia y ahorrar mucho tiempo en el proceso, permitiéndole más horas productivas a Obrador (para eso le pagamos).

El problema son las limitaciones mentales de Obrador, simplemente para demostrar su austeridad mafufa solo quiere volar en línea aérea, y de ahí que el mundo se acabe. Eso sí, a sus achichincles si los hace trasladarse a bordo de aviones de la Fuerza Aérea Mexicana, igual a sus cuates bolivarianos. El proceso debería ser al revés: los lacayos que vuelen en línea aérea. Obrador y su 4T son un verdadero fiasco. Que le crean en Tabasco. 

Agregado: 

El B-787 puede volar 15,000 kilómetros.

El G-650ER puede volar 13,800 kilómetros.

El B-787 cuesta 350 millones de dólares.

El G-650ER cuesta 35 millones de dólares.

El B-787 ya está aquí. El G-650 ya está aquí. ¿Qué necesidad hay de gastar más?

“La obstinación revela a un ignorante”. Del pueblo sabio que todo lo sabe, Obrador dixit.

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