María Luisa Cabral Bowling
Lo que hemos visto, sobre todo este último mes, es una rebelión bastante generalizada contra el neoliberalismo en varios países de todo el mundo, pero en especial en América Latina. El panorama de la economía globalizada o mejor dicho de la economía occidental es bastante sombrío y está directamente relacionado con estos últimos acontecimientos. Estados Unidos, que no ha mejorado desde la crisis del 2008 sobre todo su crecimiento industrial y su balanza económica interna e internacional, tiene una deuda que ya es estratosférica, y está ya o está a punto de entrar en recesión. Europa está también en una situación crítica agudizada por asunto del Brexit en Gran Bretaña, en donde el rechazo a la Unión Europea es en gran medida el rechazo a las medidas de ajuste neoliberal impuestas por Alemania en la Comisión Europea.

En América Latina hemos visto una sucesión de manifestaciones masivas de protesta, entre ellas la que ha puesto a Perú en una crisis incluso constitucional que si bien ya libró la etapa más preocupante está muy lejos de haberla superado; igual en Ecuador, donde las protestas contra el alza del precio de la gasolina, que tuvo que revertirse, han obligado al gobierno de Lenin Moreno a retomar medidas según el populista para tratar de detener el descontento. En Argentina, la rebelión popular se ha manifestado desde hace más tiempo y ha dado lugar al fracaso en el intento de Macri por reelegirse y al regreso del peronismo que abandera principalmente el abandono de las políticas neoliberales de ajuste. En Brasil, el régimen de derecha de Bolsonaro, por no decir fascista y neoliberal a ultranza, se ha visto cada vez más desprestigiado y aislado; llegó con un discurso contra la supuesta corrupción del Partido del Trabajo (que por supuesto si tuvo algunos casos, nunca faltan los prietos en el arroz, aunque muy lejos de lo que los medios denunciaron) y rápidamente pasó a una exhibición descarada de nepotismo, clientelismo, subordinación a Estados Unidos y corrupción que ha llegado hasta permitir y legitimar los incendios y la explotación irracional del Amazonas.
El caso más sintomático es el de Chile, en donde inició el Consenso de Washington que impuso la política neoliberal en América Latina y que se ha vendido como un caso de éxito ahora desmentido por una impresionante manifestación de un millón doscientas mil personas, en un país que no tiene una población demasiado grande. El fracaso del modelo chileno es la prueba más contundente del fracaso del modelo neoliberal.
En Estados Unidos, el régimen de Trump se ha manifestado como el más corrupto e injerencista, tanto que ya se echó a andar un proceso de impeachment, de juicio político contra su presidencia. La decadencia de Estados Unidos y su incapacidad para seguirse imponiendo en el Medio Oriente, en el Sudeste asiático y Asia Central están directamente relacionadas con su obsesión por imponerse en América Latina con la misma política colonialista y explotadora que ya las grandes mayorías rechazan.
Hace unos días se dio la noticia de que Facebook aceptó pagar una multa de 500 mil libras, más de 12 millones de pesos, por haber permitido y expuesto información personal de la que dispone en sus redes para que Cambridge Analytica la utilizara y esta empresa fue acusada de haber propiciado la inducción de votos a favor de Donald Trump en la elección presidencial y en la votación sobre la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, el Brexit. Esta noticia tendría que ser un escándalo internacional mayúsculo y sin embargo, la nota casi pasa desapercibida. Los medios masivos de comunicación, no solo redes sociales como Facebook, tienen una enorme responsabilidad en la descomposición social y económica de la globalización occidental porque lejos de ofrecer información completa y objetiva para entender los problemas actuales y su contexto, distorsionan, desvían o ignoran las verdaderas noticias importantes y propician la polarización social y la no solución de los problemas.
Sin embargo, uno de los acontecimientos más importantes se está dando ahora en Gran Bretaña, en donde la oposición laborista encabezada por Jeremy Corbyn (indiscutiblemente el líder actual con la postura más racional para enfrentar el neoliberalismo) no está muy lejos de lograr sustituir al Trump británico, Boris Johnson. Se ha criticado al líder laborista acusándolo de adoptar posiciones indecisas y ambiguas frente al Brexit y es cierto, para Corbyn el problema no es salir o no salir de la Unión Europea, el problema es el predominio del neoliberalismo, la política que favorece a los menos a costa del sacrificio de los más, como él dice. Lo que plantea Corbyn es salir de la política neoliberal, si se puede dentro de la Unión Europea y si no se puede, entonces fuera de la Unión Europea. Las élites británicas, la City de Londres, las grandes corporaciones, incluyendo las corporaciones de los grandes medios de comunicación, que han sido despiadados en el combate contra Corbyn, (incluso la monarquía que tuvo la torpeza de apoyar dos veces estrategias mañosas de Boris Johnson para forzar el Brexit, contrarias a las decisiones que había adoptado la mayoría del Parlamento británico) han hecho hasta lo imposible por impedir que Corbyn llegue al gobierno y tal vez puedan impedirlo, lo que no pueden impedir es que cada vez más personas exijan el fin de las medidas neoliberales antipopulares. De hecho, está ocurriendo algo muy curioso, los mismos líderes de derecha, como Lenin Moreno, o Macri, o Piñera se han visto acorralados y obligados, contra toda su voluntad, a instrumentar políticas más de apoyo a las mayorías inconformes, pero ni así han podido detener los reclamos y las exigencias de un cambio en la política predominante impuesta por Estados Unidos.
Con la elección de Alberto Fernández ya hay una nueva correlación de fuerzas en América Latina, pero si llegara a triunfar Jeremy Corbyn en Gran Bretaña entonces si, el cambio en la política predominante sería imparable.
