Mié. Nov 4th, 2026

Por Ángel Cu Ambriz

Hace unas pocas semanas se acaban de cumplir los 5 años de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, y transitamos por los 51 años del fatídico 2 de octubre en Tlatelolco.

¿Qué intención tiene que organizaciones sociales se empeñen en recordar y demandar la aclaración de hechos tan vergonzosos?

Por increíble que parezca, hay jóvenes estudiantes en nuestro estado de Baja California Sur, que no tienen una idea de qué es lo que sucedió en cada una de las fechas mencionadas.

La memoria colectiva, las efemérides tienen una función vital en la consolidación del rumbo de una sociedad, por eso no hay mayor poder que el de construir la historia.

Las antiguas sociedades y sus omnipotentes gobernantes ya lo sabían; es la razón de ser de las pirámides de Egipto, la mayoría de los monumentos del pasado (hasta la torre Trump cuenta en la lista), son manifestaciones de lo referido.

Pero ¿qué tan saludable para una sociedad es renovar con apasionamiento su “muro de las lamentaciones”?

Enrique Sotomayor Trelles, quien es becario en el “Master in Global Rule and Constitutional Democracy”, de la universidad de Génova comenta: “la sociedad mnemonista es aquella paralizada por las expiaciones del pasado, o vanagloriada con los logros de otros tiempos, incapaz de responder a los nuevos escenarios. Pero es también una sociedad que podría haber llevado al extremo la fusión del recuerdo personal y el colectivo. Las historias personales se hacen, entonces, una con la historia del colectivo y con ello se borra la individualidad. Por su parte, la sociedad del olvido es aquella en la que la historia colectiva se ha convertido en la narración disgregada y caótica de puras experiencias personales, sin un escenario compartido, sin un trasfondo. Es como el recuerdo del día de una boda aislado de los tiempos que vivía un país o una ciudad”.

Nuestro país ha sido un ejemplo rico en estrategias de “fabricación de la historia”; para luego fomentar la idolatría al no cambio; por estadios.

Así en la farándula, los inmensos recursos económicos de Azcárraga (el abuelo), crearon cuando menos cuatro décadas de una “realidad”, de un universo de individuos, tendencias, costumbres y hasta “cultura popular”, para la añoranza y el referente de las futuras generaciones.

Lo mismo sucedió en la política casi en el mismo momento histórico: con toda su poderosa sub y superestructura el PRI escribió en la memoria colectiva los referentes positivos y deleznables que marcaron a la sociedad. Por eso que ahora algunos críticos se dan baños de pureza recriminando que el partido político MORENA es hijo del PRD y del PRI; pues sí; todos los somos; porque no teníamos otra opción. La izquierda mexicana (la verdadera), fue aniquilada por la CIA.

Todo; absolutamente todo lo que consumimos en medios y lo que hoy vivimos en política fue cocinado en los hornos del PRI que abarca las décadas de los 30’s a los 60’s. Pero no se trata de un partido ni de una ideología; más bien de un grupo de poder: por un lado, los generales y terratenientes sobrevivientes a la revolución; y por otro, los enormes capitales del “modernismo” de la inter guerra mundial que sentaron sus reales en nuestro país.

Con esos intereses viene cargando la sociedad mexicana y por eso es que cientos o miles de muertos y desaparecidos se convierten por un lado en parálisis creativa y productiva y por otro, en epidemia de insensibilidad ante tanta violencia.

Efectivamente, la 4T está llena de personajes oscuros de la política y del poder económico; porque no ha habido ningún otro semillero del cual hayan surgido desde su gestación idearios, movimientos políticos, culturales o económicos diferentes; hasta la iglesia ha jugado su papel bendiciendo al stato quo, allegándose riqueza y poder a costillas de la enorme base social mexicana.

Pensar que la depuración política en México es cuestión de individuos; no puede interpretarse más que jugar a ser ingenuo.

¿Por qué sigue la violencia en nuestro país?

Porque la mafia rusa, la mafia italiana y muchos otros intereses internacionales encontraron en los carteles mexicanos; en algunos funcionarios mexicanos y hasta en el clero, la oportunidad de ampliar sus redes de negocio exponencialmente (droga, tráfico de personas, pederastia y venta de órganos humanos).

¿Por qué en algunos lugares del país bajó la violencia abruptamente sin arrestos o desmantelamientos directamente proporcionales a la violencia que se vivía? Usted imagine.

El “bitachero” está alborotado, “los maiceros, los fifís y los chairos” intentan comunicar furiosamente desgarrándose las vestiduras sus verdades editoriales deplorables y surrealistas; que no son otra cosa que más de lo mismo. Mientras tanto, más gente desaparece, es asaltada y extorsionada en un país que por décadas ha tolerado los caprichos de políticos tricolores, azules y amarillos; de potentados de la comunicación, del acero y de la construcción que cuando más, cuentan sus pérdidas en la bolsa de valores, mientras que los más: trabajadores, estudiantes o policías del vecindario las cuentan, pero en bolsas de plástico negro.

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